
Por estos días se escuchó muy seguido aquello de, no por repetido menos cierto, que los artistas no se mueren, se van de gira. Sería sumamente arriesgado pensar que la Negra Mercedes Sosa se murió. Hay tan pequeño puñadito de gente que actúa como piensa que perder uno sólo provocaría un gran vacio en este excelso grupo.
La verdadera muerte es el olvido.
Mercedes tiene garantizado el recuerdo de toda una platea universal, que se supo comprendida e interpretada por esta madraza que en la dulzura y la potencia de su voz entregó con todo el cuore amor y odio, los dos grandes sostenedores de la literatura, repartidos sabiamente por ella entre humildes y verdugos.
Todo el amor que generó en los sin voz es y será producto de la belleza de su canto que supo conmover y abrazar desde los más célebres escenarios del planeta y desde los barrios más marginales.
Personalmente, la considero la mayor artífice de terminar con ese absurdo que, durante añares creó resquemores entre folcloristas, tangueros y roqueros y hermanó a estos artistas del pueblo, que parecian no advertir que eran nada más ni nada menos que eso.
Pensemos que se fue de gira, o como escribiera Ariel Petroccelli, y nos gusta repetir a algunos humoristas "por soles que van a la ansiedad..."
Yo la siento hoy más cerca de la" Zamba de los mineros" porque en mala hora la obligaron a descender al último zocavón de la tierra, que para ella fue el exílio. Pero provocarle ese dolor, sólo les sirvió para que se trajera de allí la más reluciente y bella gema, y la colgara de su garganta para darle lo mejor a su pueblo. Yo la veo entonando"...me voy pa' Corral Quemao', a lo de Marcelino Rios, para corpacharme con vino moraó..."
No voy a contar lo de la noche que tuve la desfachatez de cantar a duo con Ud. "La arenosa", señora, pero como advertirá es absolutamente obvio que nunca la olvidaré, ni mi pueblo por el que me juego hasta la última ficha. De manera que en lo que a nosotros respecta no tiene Ud. ninguna posibilidad de morir.